Cuentos Nuevos de Historias Viejas

 



    Esta es mi tercera publicación y la primera realizada como autopublicación, tratando con ello de evitar que los llamados "editores", siguiesen aprovechándose del tiempo y del trabajo tanto de investigación como intelectual y creativo de un escritor novel, como yo.

   El libro consta de 4 relatos, ilustrados por Javi García (afamado ilustrador y gran amigo) y los cuales formaron parte en su día, de manera individual, del proyecto de Talavera Cuenta. De manera didáctica y entretenida, recogen parte de la historia de Talavera, pues se habla de la Talavera musulmana, de la guerra de Independencia, de las Mondas y de la Cerámica, por ese motivo es un libro muy localizado en la tradición de Talavera y muy adecuado para conocer, de una manera sencilla, entretenida y muy gráfica, buena parte de su historia.


   En este relato, ambientado en la guerra de Independencia, librada contra los franceses desde el año 1808 hasta 1813, se recogen las peripecias de dos muchachos (Adrián y Eloy) en la Talavera de la época, teniendo que ayudar a los soldados españoles que prepararon la entrada en la villa para que el general Cuesta, al mando del ejército de Extremadura y Wellintong, al mando de las tropas aliadas inglesas y portuguesas, pudiesen librar batalla a los invasores durante dos días del mes de julio del año 1808, encontrándose las tropas en el cerro Medellín (cercanías de lo que ahora es el embalse de la Portiña) y produciéndose el enfrentamiento durante los días 28 y 29 de dicho mes.
   Se describe con gran pasión y exactitud la Talavera de la época, la situación de penuria que vivían la ciudad y sus habitantes, a la vez que se afirman los deseos de independencia del invasor, utilizando para ello el saber hacer de dos astutos y leales chiquillos.


Este es un relato ambientado en la Talavera musulmana. La ciudad era el último bastión del territorio de Al-Andalus, pues a partir de ella, en dirección norte, se encontraba la Marca Media, un extenso territorio desértico y utilizado como campo de batalla por unos y otros, hasta la otra frontera, hasta el rio Duero.
   En esa época de refriegas, siempre se intentaron treguas, bien por agotamiento o bien para poder pertrecharse ambos ejércitos y poder continuar después las contiendas.
  Es en una de esas entrevistas de embajadores donde tiene lugar este relato, protagonizado por muchachos y muchachas que sufren las consecuencias de unas guerras en las que tratan de sobrevivir. Es también un compendio de medicina natural, utilizando la farmacopea de las plantas que crecen en los jardines del palacio. Una historia de traiciones y de voluntades por querer hacer una sociedad mejor, de amistad y colaboración entre culturas diferentes, abocadas al entendimiento para poder resistir.
   En su día, cuando formó parte del proyecto de Talavera Cuenta, la obra se presentó inconclusa, pues los niños debieran terminarla y buscar una solución y desenlace al problema que se planteaba, siendo premiados por ello. Aquí el relato está ya terminado, con la solución y desenlace que proporciona el autor.


   Talavera tiene una gran tradición histórica. Ciudad muy antigua, poblada por diversas tribus desde el inicio de los tiempos de la humanidad, pues su situación para merecer tal consideración así lo procura. Levantada al lado de un rio, entre arroyos que hasta él llegan y en un cruce natural de senderos y caminos.
   Por tal motivo fue elegida como asentamiento por el ser humano, dándose cita sobre su parcela multitud de pueblos y civilizaciones, dejando en su lugar tradiciones que todavía, con mayor o menor modificación, se conservan.
   Una de esas tradiciones son las Mondas, celebración que se pierde casi en la noche de los tiempos y que nace (según las leyendas) de las antiguas adoraciones que los primitivos talaveranos, gentes dedicadas al pastoreo y a la agricultura, dedicaban a las diosas que entonces presidían sus templos.
   Esta es, pues, la historia de un muchacho y de una de esas tradiciones que en Talavera se vive con gran dedicación y fervor, la llamada fiesta de Las Mondas, dedicada en un principio a la adoración de Ceres y Pales, diosas de la agricultura y ganadería, cuyo templo se encuentra, dicen, bajo el solar de la ermita del Prado.


   A nadie le queda duda, a estas alturas de la vida, de que la Cerámica de Talavera tiene un lugar preeminente en el mundo.
  Los ceramistas Talaveranos ( y de Puente) tienen renombre y la Cerámica de ambos lugares tiene una excelencia y calidad sublimes, fruto del trabajo y dedicación de sus gentes.
   Ha sido declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad pero, aun así, pienso que ha de tener malos días por venir, pues pocos son los artesanos que quieren seguir dedicándose a eso y muy pocos o nulos (salvo para hacerse la foto o cuando la ocasión lo pide) que los políticos de la zona (TODOS, TODAS y TODES) hacen poco o nada por este arte; y lo digo alto y claro y porque no soy palmero de ninguno, no me tienen que dar de comer y sé bien lo que me digo, que viví mucho de ese abandono al tratar de conocer y de estudiar la manera de pintar en el barro.
   Desde la Concejalía de Educación, entonces en manos del PP de Talavera y llevada con sublime saber hacer, entender y trabajar (mucho y lo que le dejaban) de María Victoria González Vilches, se me pidió que realizase ese año para el plan de lectura un trabajo sobre la cerámica. Este fue el resultado, todo un tratado de cerámica, de su historia, de su laborioso hacer, de sus técnicas; llevado a cabo con pasión, intriga y utilizando un hilo conductor motivado por la venganza de una artista, una mujer, una chiquilla valiente que, a través del arte y de la técnica de pintar en el barro olvidando las antiguas técnicas árabes, quiere saldar una deuda.



   







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