Al principio fue solamente una inquietud, una atracción inexplicable. Guadalupe, cerca de Talavera y lugar que formara parte de sus antiguas tierras, era uno de esos lugares tan cercanos en la distancia física, pero tan alejados en el conocimiento que sobre él tenía.
Seis habían sido las veces que hasta La Puebla de Guadalupe me había acercado antes de embarcarme en el proyecto de querer hacer una novela que tuviese como fin tal lugar. De la primera de ellas tengo que reconocer que no guardo un grato recuerdo, no de la localidad ni del Monasterio o de sus gentes, sino de la tortuosa carretera que, a través de los Ibores, salía desde la cercanía de Navalmoral de la Mata y zigzagueaba hasta la extenuación entre laderas de castaños y eucaliptos, dotada además de una estrechez de calzada que invitaba a que la furgoneta-taxi, en la cual acudíamos para asistir a una boda, se despeñase ladera abajo. Del mareo y de la vomitona que tal serpenteo me causó aquel día, tanto a la ida como a la vuelta, guardo todavía sensaciones muy poco gratas, aunque cuando ocurrieron esos hechos, no tenía entonces más de 11años.
Aquello pasó y he acudido después en autobús, coche, en moto y en bicicleta, desde Talavera en ese último medio de transporte, por el Alto del Puerto de San Vicente, atravesando el Geoparque de Jaras-Ibores y terminar en Villuercas. Hermosa ruta en todos los sentidos, pero muy sufrida si se hace por el camino, fuera de la carretera asfaltada, lo cual yo recomiendo pero aconsejando también prudencia, aguante y cuidado, pues es una carretera con un arcén muy pequeño.
Lo mejor seguir el camino de tierra, aunque se tarde más y se pueda perder uno, como en las proximidades de Alía, donde algún desaprensivo cambió las señales para nuestra desgracia, modificó el trayecto y anduvimos perdidos un buen rato, lo que nos obligó a llegar a Guadalupe a las cinco de la tarde, después de recorridos campo a través120 km desde Talavera, de donde habíamos salido a las 7 de la mañana, de la misma plaza del Pan, teniendo a la Colegial de Santa María como testigo. Valió la pena el esfuerzo y la agotadora ruta, por el paisaje, por la compañía, por el camino, por el lugar, por el destino..., y porque al mesón en el cual acabamos comiendo, quienes con grandísima profesionalidad nos esperaron y atendieron, dejándonos los baños para refrescarnos un poco y sirviendo exquisita comida, hemos vuelto en otra ocasión y al cual volveremos siempre, amigo Ángel Jordá, restaurante Guadalupe. Muchísimas gracias por tu acogida, digna de cualquier peregrino.
Muchos son los caminos que hasta la Virgen Morena de las Villuercas nos llevan, pero yo elegí para esta novela, de momento, el Camino Real.
Ruta no solo de peregrinos y de pastores -sus protegidos- que a rendirle pleitesía fueron, pues la Virgen que a Gil Cordero se le apareciera cerca del castillo de Alía, también ha sido visitada por reyes (los Austrias eran muy devotos de ella). Se cuenta que Isabel la Católica la visitó en doce ocasiones; que el rey Fernando también, firmando en una de ellas la Sentencia Arbitral de Guadalupe, por la que se ponía fin a la segunda guerra remensa; Carlos I, Felipe II,.... y Juanillo junto con el Aragonés, soldado licenciado de los Tercios Viejos de Flandes.
La idea de escribir sobre el Camino a Guadalupe, ya digo, era vieja. Tal vez el estar rondando el año Santo Guadalupense, que en mi camino se cruzase, como sin querer, Antonio Dávila, presidente de la Asociación del Camino Real de Guadalupe, que cayesen en mis manos algunos documentos relativos a los caminos de Guadalupe y los pastores mesteños, influyeran definitivamente en lanzarme a escribir una novela sobre él.
La idea de abordarlo de la manera que después le he ido dando forma, a modo de viaje épico, novela cervantina y travesía picaresca, también estaba desde el principio, pues siempre me imaginé recorrer el camino al estilo de como lo hicieran los antiguos peregrinos: solos, a la aventura, dependiendo de sus medios, alejados de todos y de todo, buscando ese descubrimiento interior que no lograrás nunca yendo en pandilla organizada hasta en lo más mínimo. También hacerlo sin prisas, para ver bien todo y que todo me impregne.
Así parten Juanillo, el hijo de una puta de la casa de lenocinio de la Puerta del Sol y José, apodado el Aragonés, lisiado de malas pulgas, quien entregase su vida y la mitad de una de sus piernas a la mayor gloria de los Tercios Viejos, de sus comandantes, de su rey y de una España a la que ama, incluso en sus miserias.
El Camino no podía ser fácil de ninguna de las maneras, aunque el destino fuese muy digno, y las dificultades van surgiendo a cada paso que dan, en cada lugar por el cual recalan siguiendo el camino de Extremadura: Alcorcón, Móstoles, la Venta de El Álamo, Casarrubios, Torrijos, Talavera.....
Muchos son los lugares ya desaparecidos que se nombran en esas casi 50 leguas que deben recorrer en amistad obligada al principio, pero que termina modificándose, uniéndose y solapándose de tal manera que llegan a ser uno solo, cambiando el camino y el lugar a aquellos seres que partieran insignificantes y escapando del pánico a un collar de cáñamo o una espadilla para apalear sardinas y encontrando un regalo en la Morenita de las Villuercas.
Bibliografía:
No es un ensayo lo que he escrito, ni tampoco es una tesis, por lo que la novela no contiene toda la bibliografía en modo de documentos, artículos de revistas, entradas de buscadores, blogs o libros tanto de consulta como históricos o novelados que he utilizado para poder documentarme. Aquí te dejo algunos de ellos, los cuales recomiendo, por si quisieras darles un vistazo y ampliar más lo que la novela cuenta.
Aguazarca. Revista de Cultura y tradiciones populares (Agosto 2018)
Repertorio de Caminos 1576. Meneses
Repertorio de Caminos de Villuga 1546
Monasterio de Guadalupe. Arteguías
Una Gran Empresa Agraria y de Servicios espirituales: El Monasterio de Guadalupe (1389-1835) UCM.
Hospitales del Camino de Guadalupe. La mejor tierra de Castilla. Blog.
Los Caminos de Guadalupe y su Real Monasterio. Miguel Méndez-Cabeza Fuentes.
Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (WEB)
Las Merinas del Monasterio de Guadalupe. (Diputación de Badajoz).
Mesta, trashumancia y lana en la España moderna (Felipe Martín y Ángel García Sanz, eds) Fundación Duques de Soria.
Los Jerónimos de Guadalupe (Románico Digital)
Los pastores trashumantes de la provincia de Burgos. Biblioteca Virtual Instituto Cervantes.
Refranero Multilingüe. Instituto Cervantes.
Historias de nuestros Tercios Viejos.
Páginas webs e información de los municipios por los cuales transcurre el camino.
(En construcción)
En abril de este extr-año 2021, recibí un atento y muy bien explicado e-mail en el que se me invitaba a un curioso proyecto denominado "Novelas peregrinas" una idea original y a mi parecer muy acertada de Luis Degano, que me cuenta: “soy maestro de escuela en Talavera de la Reina (Castilla-La Mancha-España) y aficionado por la escritura e historia en ratos libres” sólo con el ser maestro de escuela ya me bastaba para admirarle, pues yo también me atrevo a llamarme así y ejerzo el oficio-misión en las escuelas pías con los herederos de Calasanz que llegaron hace 25 años a esta ciudad llamada Loja y ubicada al sur del Ecuador (el país y la línea) pero también su afición enseguida llamó mi atención y además el saber cómo me privilegiaba para ayudarle con su empeño, siendo yo el responsable de empezar la romería de un único libro que vendría de hasta las américas; la espera empezó y fue hasta el último sábado de mayo cuando lo recibí, me lo entregó el bueno de Celestino Pulido, padre escolapio con el que comparto, además de la misión de educar, el gusto por la literatura; como ven, él es el culpable de empujarme a esta emocionante aventura y quien sirvió de contacto.
ResponderEliminarEl mes de junio trae los afanes propios de fin de curso y además estaba puesta mi cabeza y mis ojos en otro libro (El olvido que seremos) que también debíamos compartir al final de la lectura con los amigos de Colombia…en estas circunstancias, quedaron Juanillo y José el aragonés esperando en la estantería, y no con mucha paciencia estaría el aragonés, digo yo; pues ahora que lo conocí, supongo que así sería.
Llegó el verano y con él las vacaciones, tiempo bueno siempre para descansar de la vida propia, viviendo en las aventuras de los otros, de esos personajes que en los libros se agitan, mientras uno los lee en el reposo. Con más responsabilidad de cumplir la tarea que de disfrutar de la lectura, tomé el libro como por encargo pero desde las primeras líneas empecé este viaje, maravillado a cada paso por la tierra, la arquitectura, la cultura, la gastronomía, la ganadería y las aventuras y desventuras del camino, que entre diálogos acompañados de un sin fin de acertados refranes y risas me sentí todo el tiempo ahí, en medio de ellos, disfrutando de la compañía de esta singular pareja, andando o en carreta, bien comidos o con hambre, temerosos de la santa hermandad o en la libertad de quien nada tiene en esta tierra, acompañados de pastores y aprendiendo del aragonés y animando a Juanillo, Uno de los momentos más emocionantes fue el susto que pasamos con la extraña enfermedad de nuestro amigo y después de “tomar prestados” dos caballos, salir en medio de una terrible tormenta, perseguidos por lobos y casi sin visibilidad, quiso el cielo que lográramos llegar a buen recaudo al Hospital del obispo, para que el enfermo José fuera atendido y además ser defendidos por un dignísimo y elegante caballero; yo, desde el primer momento sospecha de quien se trataba y me latía el corazón de emoción, pues siempre quise conocerle, pero si quieren saber quién es, tendrán que leer el libro ¡ánimo!, no se arrepentirán…
Al final llegamos a Guadalupe, a los pies de la Señora de Villuercas y la vida nos cambió para siempre; los hermanos Jerónimos tuvieron un monje más que de seguro vivió en santidad, José volvió a su terruño y murió en paz, no sin antes seguir de aventuras, y yo me quedé encantado de este viaje y con el propósito de que en mi próxima parada en España, voy a visitar la Puebla de Guadalupe; y eso sí, estar muy atento por si veo en el camino un cojo y un muchacho que alegres van por el camino.
Muchísimas gracias. Me alegro que le encantase. Si viene a España, no dude por un instante en ponerse en contacto conmigo.
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ResponderEliminarEra el mismo comentario que hay más abajo, duplicado, por eso se elimina, no por improcedente o censura.
EliminarHola Luis, recibe un saludo cordial desde Loja Ecuador, mi nombre es Isabel Reyes Espinosa. Con satisfacción puedo decirte que caminar junto al Aragonés y Juanillo fue una experiencia muy bonita que me permitió volar la imaginación por tantos lugares que no conozco, pero, por tu descripción los he imaginado y caminado por ellos.
ResponderEliminarNo tuve en mis manos el libro peregrino, pero, gracias a mi hermano Marco Reyes y la bondad del padre Celestino, que me prestó el suyo, tuve la oportunidad de leer el libro y disfrutarlo.
Cada refrán citado me ha llamado la atención y los escribí en una libreta para guardarlos de recuerdo de este caminar hacia la Puebla de Guadalupe.
Te comento que el encuentro y pasantía con el pastor Fidel ha sido la parte que más me ha gustado porque es allí donde Juanillo aprende muchas lecciones de vida y se nutre de las experiencias de Fidel.
Cada aventura del camino real también me ha sacado una sonrisa por la forma picaresca con que se liberaban de cualquier inconveniente. Así mismo sentimiento de tristeza al momento de separarse y tomar cada uno el camino escogido.
Quiero a través de este medio hacerte llegar mi felicitación por tu libro “El pícaro del camino Real de Guadalupe”
Muchísimas gracias, Isabel. Me alegro de que la novela haya sido de tu agrado y no te preocupes si no fue la peregrina y tuviste que tomar prestada otra; teniendo eso en cuenta, pienso que quizá debiera haber enviado alguna más al bueno de Celestino. Un abrazo desde España y gracias por querer saber de la Morenita de las Villuercas.
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